Confesaba hace días a mis amigas que me cuestan las marchas y los movimientos. Los respeto pero siento que la emoción cargada de esperanza de los primeros días en cuanto acaba la marcha en cuestión se desinfla, como confiando que ya se hizo todo o, tal vez, como consecuencia del agotamiento de los días anteriores. Hoy deseo de corazón que no sea el caso.
Hay tanta necesidad de esperanza, de certidumbre en tantos sentidos que, a veces, siento que estamos esperando que digan rana para unirnos a lo que sea si vislumbramos que puede dar un poco de luz a nuestro panorama. El problema, en mi opinión, es que, en la mayoría de los casos, lo hacemos sin antes realizar un verdadero cuestionamiento interno que vaya más allá de los hechos, por más que a todas luces parezcan justos, válidos y necesarios.
Por algo se empieza , dicen algunas, y estoy de acuerdo. Pero si buscamos un cambio tenemos que ser conscientes que Roma no se hizo en un día y ese es el punto. Siento que el verdadero cambio vendrá con la congruencia y la constancia que se mantenga día tras día después del ya histórico 9M.
En lo personal siento que vendrá en la medida que todas hagamos una reflexión, sincera y personal que arroje sobre nuestra propia mesa todo aquello que necesita ser revisado con amor y comprensión por nosotras mismas, con la humildad que implica hacernos responsables de la parte que nos toca, que nos recuerde la importancia de no perder de foco que el cambio empieza en una y que todo aquello que toca nuestras fibras está invitándonos a generar algún movimiento interno ( o varios) que nos llevará sin duda a vivir y sentir la armonía y el equilibrio anhelados.
Todo ello conlleva un trabajo diario que implica esfuerzo. Y es que hay que ser conscientes que en lo más profundo de nosotras mismas existen a veces creencias erróneas que nos han llevado a ser parte responsable del problema y no solo victimas del mismo. Siento que es importante aceptarlo con humildad pues el camino del cambio comienza, sin duda, con la aceptación.
Llegó el momento de hacer un alto en el camino, revisar y aceptar que a veces hemos creído o nos han hecho creer que no valemos para ciertos trabajos, o peor, nos han convencido de que no valemos para nada. Llegó el momento de aceptar que, sin darnos cuenta, para infinidad de asuntos pedimos permiso a nuestros esposos paternalizando nuestra relación, rompiendo nosotras mismas el equilibrio. Aceptar que en muchos casos nos desentendemos completamente de la economía familiar, olvidándonos que formamos parte de ella, tanto si tenemos un trabajo remunerado como si no y justificamos cada gasto en una ecuación insana en la que la única que presenta cuentas cuentachiles es la mujer. O aceptamos callar recordando el «calladita te ves más bonita», o aguantamos porque sino «de qué voy a vivir», en el mejor de los casos, o…en el peor…por miedo a que nos maten.
Y ahí es donde la unión generada por el movimiento puede jugar un gran papel, ya que esa energía de fortaleza, de firmeza, de amor propio que tanta falta nos hace para darle vuelta a todas esas situaciones, la podemos captar del grupo y con ella generar cambios y comenzar a reescribir una nueva historia donde hombres y mujeres encuentren la magia y la armonía de saber sumar el uno con el otro y no dividir poniéndose uno sobre otro. Que la unión de mujeres sirva para inspirarnos unas a otras, no solo a sacar lo mejor de nosotras mismas, sino a sacar lo que más nos cuesta. Una mujer que ha vivido abusos desde pequeña y/o que ha visto a su madre someterse en múltiples ocasiones a las órdenes autoritarias de su padre, probablemente necesite encontrar a su alrededor el apoyo y guía de otra mujer que le inspire la firmeza, la fortaleza y la seguridad en si misma que no encontró en casa para poder salir de esa ecuación de violencia.
Créanme que cuando todas alcancemos ese grado de firmeza, de fortaleza, de amor propio que nos falta, el panorama será otro, porque será nuestro propio ejemplo el que guíe y siente las bases de una sociedad equilibrada. Ahí está, si me preguntan, los pilares del cambio, en madres y padres cada vez más conscientes y dispuestos a dejar atrás creencias obsoletas. Pongamos nuestra energía ahí , en nosotras mismas antes que en la búsqueda de que otros cambien o que el gobierno cree nuevas leyes. Cuando uno cambia todo cambia.
Tengamos bien presente que el verdadero poder para acabar con esta situación está dentro de nosotras.
