
Santa razón. Benditas palabras las del papa esta mañana , benditas y necesarias. Palabras llenas de vida frente a tantas inertes que inundan nuestros celulares hoy y, a veces, nuestra propia boca, cuando sin ser conscientes de la fuerza del verbo, optamos por difundir angustias, tristezas y miedos que no aportan nada y más bien llegan a robar la paz y serenidad de algunos . Qué importante hacer un llamado a nuestra sensibilidad, tan necesaria en estos tiempos. Sensibilidad que nos permita sentir a los demás y, desde ahí, intuir cuáles deberían de ser nuestras siguientes palabras (y mensajes) , buscando y escogiendo cuidadosamente solo aquellas cargadas de Bien, palabras que den fortaleza y confianza al que tiene miedo, palabras que transmitan alegría al que se ha dejado llevar por la tristeza, palabras que alivien, palabras que sanen, palabras santas.
Es toda una responsabilidad compartir palabras, escritas o habladas. Seamos responsables. Hoy sentí la necesidad de compartir algunas de las palabras del papa. Tan acertadas, tan sabias.
«Nos sorprendió una tormenta. Nos encontramos asustados y perdidos.
La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y supérfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado abandonado lo que sostiene, alimenta y da fuerza a nuestra Vida y a nuestra comunidad.
Hemos avanzado rapidamente sintiéndonos fuertes y capaces de todo, codiciosos de ganancias. Nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa, no nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante las guerras e injusticias planetarias. Ante el grito de nuestros pobres y planeta gravemente enfermo hemos continuado imperturbables pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.
Es tiempo de elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es tiempo de reestablecer el rumbo de la Vida hacia Dios y hacia los demás.
El comienzo de la Fe es darnos cuenta que no somos autosuficientes. Necesitamos a Dios como los antiguos pescadores a las estrellas.
La fuerza de Dios es convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad a nuestras tormentas, porque con Dios la Vida nunca muere.
Abrazar la cruz es abrazar las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un momento nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que solo el Espíritu es capaz de suscitar.
Cuántas personas demuestran paciencia e infunden esperanza cuidando de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántas personas muestran con gestos pequeños y cotidianos cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando hábitos, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el Bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.
En medio de la tormenta se nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.
Nadie se salva solo. Descubrimos y experimentamos las palabras de Jesús: » ¡ Qué Todos sean Uno!»
La fuerza de la Fe es que libera del miedo y da esperanza.»
Que sus palabras lleguen a muchos corazones y que todos unidos optemos por la Fe y la vivamos hoy y siempre.