Haciendas de Yucatán. Toda una experiencia.

Hacienda San José.@thehaciendas

Cómo conectar con un lugar, cómo sentirlo sin hacerle espacio a su historia. La invitación de hoy es un viaje (o varios) a la época dorada del henequén para comprender la historia detrás de sus haciendas, para sentir lo que fueron y agradecer lo que son.

Nuestro viaje en la historia comenzará en Paseo de Montejo. Inspirado en los Campos Elíseos, la avenida principal con sus palacetes y mansiones coloniales de estilo francés neoclásico dan fe del gran auge económico que vivió la ciudad gracias a la gran demanda mundial de la fibra del henequén de finales del siglo XIX y principios del XX cuando Yucatán llegó a ser exportador número uno de fibras duras naturales del mundo. 

De la familia del agave, el henequén es una planta cuyas fibras son de tal resistencia que con ellas se pueden elaborar cuerdas, cordeles, sacos, costales y también textiles.

Cultivado por los mayas en la época prehispánica, su cultivo se intensificó después de la llegada de los españoles y sobretodo tras la revolución industrial. Fue entonces cuando grandes extensiones de tierra, sobretodo en el noroeste del estado se destinaron al cultivo del henequén para alimentar la creciente industria. Eso, junto con un sistema casi feudal de haciendas que garantizaba la mano de obra, hizo detonar la industria henequenera que llegó a convertirse en base de la economía de Yucatán. 

Las haciendas henequeneras funcionaban prácticamente como ciudades independientes. En ellas, además de la casa de máquinas y la casa principal, que se usaba solo ocasionalmente ya que sus dueños vivían normalmente en la ciudad, se encontraban las casas de los trabajadores, la escuela, la iglesia, la tienda y también la cárcel … La justicia, todo sea dicho, era impartida a criterio del patrón y la moneda de pago carecía de valor al exterior. Todo ello (y más…) coartaba, a todas luces, la libertad de aquellos que allí vivían y trabajaban.

Hasta que un día como hoy, la historia de Yucatán dió un giro inesperado. La llegada al panorama mundial de las fibras sintéticas, la crisis de 1929 y la reforma agraria de Lázaro Cárdenas entre otros…cambiaron las reglas del juego y la industria del henequén fue perdiendo posiciones en el tablero por decirlo de forma suave… la realidad es que poco a poco la industria se extinguió… y a Yucatán no le quedó de otra que reinventarse. 

Como resultado de tal debacle económica muchas de las haciendas fueron abandonadas y abrazadas por la selva quedaron a la espera de algún día ser redescubiertas, restauradas, habitadas o visitadas y así poder seguir siendo parte de la bella escenografía yucateca.

Así ha ido sucediendo y es maravilloso tener la oportunidad de ir descubriéndolas y compartiendo la experiencia en Instagram en @almaycorazondeturista y en próximos post para que cuando viajen a Yucatán puedan escoger ya sea dormir en una de ellas, hoy espectaculares hoteles boutique, o pasar el día  y conectar con la naturaleza a otro nivel y en otro tiempo, conociendo su historia , disfrutando sus SPAS de ensueño , bañándose en sus cenotes y, por supuesto, deleitándose con la tradicional y exquisita gastronomía yucateca en el marco de un escenario perfecto, en medio de la selva, junto a un cenote o bajo una ceiba. 

Momento de planear tu próximo viaje a Yucatán y vivir toda una experiencia en una de sus espectaculares haciendas.

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