Hay libros que prestan un servicio invaluable al Espíritu humano. Hay palabras que nacen para ser leídas, sentidas y compartidas.

Hay libros que trascienden su propia época logrando que su valor perdure a lo largo de los años.
Hay libros que se pueden leer con el mismo interés y entusiasmo a los 12 años o a los 40 ( como yo:). En el caso de Momo, tal vez con la diferencia que quien lo haya leído de niño probablemente disfrutará, con el paso de los años , releerlo y se sorprenderá de la profundidad, tal vez no percibida anteriormente, de sus textos.
Hay libros cuya luz es capaz de iluminar hasta las zonas más sombrías de la sociedad misma invitando y recordándonos nuestra capacidad, o mejor dicho, responsabilidad, de poner de igual manera, nuestra luz al servicio de la humanidad.
Momo es, para mí, uno de ellos.
Ha sido para mí, igualmente , un reencuentro especial con la fantasía. Confieso que había olvidado la magia que envuelve al género que, como ningún otro, nos hace cuestionarnos y proyecta nuestro mundo interior ayudándonos, a niños y adultos a dibujar un camino menos empedrado hacia la comprensión del mundo.
Y es que, ya decía el propio Ende que “la fantasía no es una forma de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella”.
Momo logra de manera magistral conectar nuestra vida con un universo fantástico lleno de metáforas de luz y de simbolismos.
Momo es un llamado de atención que la Vida tuvo a bien hacernos, a través de la fantástica pluma de Michael Ende, sobre el uso que hacemos del tiempo.

Una invitación a cuestionar nuestras prioridades, a cuestionarnos a quién y/o a qué le dedicamos nuestro tiempo. Una invitación a no dejarnos llevar por las prisas y el estrés siguiéndole el paso a una sociedad tremendamente consumista y, sin embargo,curiosamente vacía en la cual los días consisten en trabajar, generar, competir, correr, gastar…
50 años después de haber sido publicado, Momo quiere ser leído y releído, pero esta vez con el poder de aquello que quiere hacerse vida ya.
Está en nosotros volver a rescatar, promover y fomentar el valor de escuchar, el valor del silencio, el valor de las relaciones personales, de la amistad.
Está en nosotros elegir dedicarnos tiempo, dedicar tiempo a aquellos que amamos y a causas que sean de ayuda a los demás , mejoren nuestro mundo, nuestra sociedad.
Agradezco a Michael Ende precisamente el tiempo dedicado a compartir tan bellos cuestionamientos sobre el tiempo, la amistad, el ciclo de la vida y la muerte y tantos temas y valores de los que tan importante es hablar.
Siento que es una maravillosa oportunidad para padres e hijos ya que tiene ese punto filosófico que permite poner en la mesa temas y preguntas que, a veces, por ser tan cotidianas, y a simple vista sencillas, no encuentran el espacio necesario para hablar de ellas en familia.
Ojalá se den la oportunidad de leerlo y, si los tienen, también sus hijos. Como siempre, con cariño .